Escrito por Yolanda el Miércoles, 8 de junio del 2011 a las 23:21
Cuando las personas se sienten deprimidas y ansiosas tienden a ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Una investigación publicada en la revista Current Biology revela que las abejas también tienen un punto de vista pesimista de la realidad tras verse sometidas a una situación de estrés. “Las abejas estresadas por el ataque simulado de un depredador tienen la misma respuesta emocional que un humano deprimido, y perciben su entorno con pesimismo”, explica Geraldine Wright, de la Universidad Newcastle (Reino Unido), coautora del estudio.
Para averiguar cómo perciben las abejas el mundo que les rodea, Wright y sus colegas hicieron que los insectos juzgaran si un aroma determinado presagiaba algo bueno o malo. En primer lugar fueron entrenadas para relacionar un olor con una recompensa dulce y otro con el sabor amargo de la quinina. Una vez aprendido, las dividieron en dos grupos y sometieron a uno de ellos a estrés. Cuando volvieron a exponerse a los dos olores, así como a varias combinaciones de ambos, las abejas estresadas mostraban menos interés hacia el olor que identificaban con quinina -y lo “probaban” menos- que el resto de los insectos. Es decir, según los autores, sus expectativas hacia el desagradable sabor amargo eran mayores, lo que indica que hacían un juicio más negativo o pesimista de la situación.
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Escrito por Yolanda el Miércoles, 8 de junio del 2011 a las 23:19
El infanticidio es un comportamiento extremo, y en la mayoría de las especies es la forma para el macho de eliminar a un competidor y acelerar la receptividad sexual de las hembras. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Primates y realizado con participación de científicos españoles revela que en los primates calitrícidos, como los tamarinos bigotudos (Saguinus mystax), son las hembras las que perpetran el infanticidio. “Gracias a los análisis genéticos, demostramos que es la propia madre la que acaba con la vida de su cría”, explica a la agencia SINC Yvan Lledo-Ferrer, uno de los autores e investigador en el Área de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
La ayuda paterna (o su ausencia) es la clave en estos casos. Tras observar de 1999 a 2008 tres grupos diferentes de tamarinos bigotudos de la selva peruana para determinar de qué forma la ayuda de otros miembros macho del grupo y la ausencia de competencia entre hembras asegura la supervivencia de las crías, comprobaron que el 75% de las crías sobrevive cuando al menos tres machos ayudan, y solo lo hace el 41,7% cuando el grupo cuenta con uno o dos machos ayudantes. En cuanto a la competencia con otras hembras, el 80% de las crías muere con menos de tres meses de edad si en el grupo hay dos hembras gestantes.
Según los investigadores, en los casos de infanticidio, la dominancia reproductiva no está bien establecida, y existe competición entre las hembras por alcanzar la posición dominante. “Esta competición genera elevados niveles de estrés prenatal que pueden afectar al feto y por lo tanto a la viabilidad de las crías o a la producción de leche de las madres”, apunta el científico español.
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