Escrito por Bicho el Jueves, 8 de septiembre del 2011 a las 0:58
Un nuevo estudio revela que el Phreatichthys andruzzii, un pez ciego de Somalia (África), posee un reloj circadiano que se rige por un periodo extremadamente largo (hasta 47 horas), y que se acelera con el aumento de la temperatura. “Queríamos saber si los peces ciegos, que viven en un ambiente donde no hay ciclo de día y noche, mantienen todavía un reloj circadiano que puede ser regulado por la luz”, declara a SINC Nicholas Foulke, investigador de la Universidad de Ferrara (Italia) y coautor de un estudio que publica la revista PLoS Biology.
El reloj circadiano es un mecanismo de tiempo fisiológico que permite a los organismos prever y adaptarse al ciclo de día y noche. El equipo de investigadores de la Universidad de Ferrara estudió a una especie concreta de pez cavernícola, el Phreatichthys andruzzii, que ha vivido aislado durante dos millones de años bajo el desierto de Somalia, para conocer cómo ha evolucionado durante millones de años en entornos bajo tierra.
El punto de partida de los científicos fue comparar el reloj circadiano de este pez ciego con el de un pez ‘normal’, el pez cebra. Estudiaron la actividad locomotora y la expresión de genes reloj en ambas especies cuando se les exponía a un ciclo de luz-oscuridad. “Mientras que para el pez cebra obtuvieron un sólido reloj circadiano sincronizado con el ciclo de luz, en el pez cavernario no se detectó la misma coincidencia”, apuntan los expertos.
Sin embargo, en otro estudio comparativo donde ambos peces estaban expuestos a una señal de tiempo basada en una alimentación regular, tanto el pez cebra como el pez cavernario demostraron sincronía en su reloj circadiano. Los investigadores llegaron a la conclusión de que el pez cavernario seguía teniendo un reloj que se podía regular por el patrón de alimentación, pero no por el de luz. “Esto es extremadamente raro para los relojes circadianos en plantas naturales y animales”, subraya Foulke. Asimismo, con un estudio más detallado demostraron que el pez ciego se rige por un periodo anormalmente largo. Lo más sorprendente es que la ausencia de reajuste con la luz no se debe a la falta de ojos, sino a mutaciones de dos opsinas –moléculas responsables de las reacciones celulares iniciales involucradas en la percepción de la luz– que hacen que los relojes de la mayoría de los tejidos no reaccionen a las señales lumínicas.Las opsinas son parientes cercanas de las moléculas que están presentes en nuestras retinas y que nos permiten percibir distintos colores y formar una imagen.
“El reloj circadiano de este pez funciona a un ritmo muy largo (47 horas) en comparación con el ritmo de aproximadamente 24 horas que se encuentra en un reloj circadiano normal”, afirma Foulke y añade que “además, hemos observado que el ritmo del reloj se acelera a medida que aumenta la temperatura. Esto no es lo usual. Normalmente, el reloj se adapta para que se ejecute a la misma velocidad
en un rango normal de temperaturas. Todas la evidencias apuntan a que este pez de las cavernas está perdiendo su reloj”.
Según Foulke, este artículo es de gran importancia porque supone una “nueva y fascinante” reflexión sobre cómo la evolución en oscuridad constante afecta a la fisiología animal y porque es “la primera prueba genética de la identificación de los fotorreceptores ampliamente expresados en peces”. Este estudio crea el marco para un entendimiento más completo de cómo responden los relojes circadianos a su entorno.
Fuente: muyenteresante.es
Categoria: Naturaleza
Escrito por Bicho el Miércoles, 31 de agosto del 2011 a las 20:47
A pesar de que el refranero popular asegura que “el que no llora no mama”, pedir más no siempre tiene la recompensa esperada. Según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), las crías que exigen comida con mayor insistencia crecen menos. Los investigadores, que han trabajado con pollos de alcaudón meridional, un ave muy extendida por la Península Ibérica, aseguran que las crías no puedan manipular las pautas de alimentación de los padres.
“Las crías de aves altriciales, aquellas que nacen ciegas, sin plumaje y casi sin movilidad, piden comida mediante un comportamiento extravagante y llamativo. Sin embargo, ese comportamiento tiene un coste, ya que las exigencias insistentes repercuten de forma negativa en la capacidad de crecimiento y en la respuesta inmune de los pollos”, explica el investigador del CSIC Gregorio Moreno-Rueda, de la Estación Experimental de Zonas Áridas, que ha dado a conocer sus conclusiones en la revista Journal of Evolutionary Biology.
Durante el experimento, el equipo de investigación separó dos grupos de pollos, a los que sometió a las mismas condiciones ambientales y suministró la misma cantidad de alimento. Sin embargo, uno de los grupos fue estimulado para que solicitase comida durante casi 30 segundos por hora, mientras que el otro sólo pedía alimento dos. Tras la comparación de resultados los investigadores vieron que el grupo de aves que solicitó alimento durante menos tiempo presentaba una tasa de crecimiento y una respuesta inmune superior al otro grupo.
Según este estudio, para que las señales sean honestas y reflejen fielmente la necesidad de los pollos, hambre en este caso, deben de ser costosas de producir. De lo contrario los pollos pedirían a sus padres más comida de la que los padres deben suministrarles y se produciría un conflicto paternofilial.
“Los resultados de nuestra investigación podrían ayudarnos a comprender la psicología infantil de los humanos, ya que el llanto de los bebés es análogo al comportamiento de petición de los pollos. Si nuestros resultados son extrapolables a la psicología infantil, el llanto supondría un gasto de energía que se traduciría en una reducción de la tasa de crecimiento y de la inmunocompetencia”, comenta Moreno-Rueda.
Fuente: muyinteresante.com
Categoria: Naturaleza
Escrito por Yolanda el Miércoles, 17 de agosto del 2011 a las 23:02
Un grupo de científicos valencianos ha desarrollado un sistema que interpreta los sonidos que emiten las ballenas belugas basándose en técnicas de procesado digital de señales similares las aplicadas en telefonía y en la tecnología de reconocimiento de la voz humana. El objetivo del estudio es conocer el bienestar y sensaciones de estos animales en cada momento.
El sistema se ha desarrollado registrando las vocalizaciones de las dos ballenas belugas que hay en el Instituto Oceanográfico de Valencia. Los animales varían los sonidos que producen según las condiciones que encuentran en el acuario. Esta tecnología permite un seguimiento continuado, lo que facilita que se puedan desarrollar experiencias más sofisticadas para diferenciar los tipos de sonidos que emiten. En un futuro también permitiría clasificar los sonidos y asignarlos a determinados comportamientos. La herramienta de la que se valen estos investigadores es un sistema de procesado digital de los sonidos, de una forma similar al reconocimiento de voz que se aplica ya en telefonía.
Se ha encontrado una relación entre la tasa de emisión de sonidos y el bienestar de los animales. Según resumían para la Agencia Sinc los científicos del Oceanográfico, “una tasa normal indica que los animales se encuentran cómodos en el acuario y cuando ocurre algún problema, la tasa de emisión de sonidos disminuye”. Lo que se hace es medir esas tasas de sonidos de forma automatizada para saber en qué momentos las ballenas están a gusto en el acuario y cuando no.
Aunque la experiencia, por el momento, no se ha realizado más que en acuarios cerrados, en un futuro se pretende llevar esta tecnología a mar abierto. El objetivo será analizar las reacciones de los cetáceos a la contaminación acústica.
Y además…Una recorre 10.000 kilómetros y bate un recordLas ballenas tienen su propia “canción del verano” ¿Tienen olfato las ballenas?¿Por qué se llama a las orcas ballenas asesinas?
Categoria: Naturaleza
Escrito por Yolanda el Lunes, 4 de julio del 2011 a las 14:12
Las aves aletean mientras corren para ahorrar energía, según ha demostrado un equipo de expertos de la Universidad de Montana (EE UU) que publica sus conclusiones en la revista Journal of Experimental Biology. Implantando electrodos en los tejidos musculares de palomas, y midiendo su potencia mientras las aves escalaban rampas de distintas inclinaciones o volaban en paralelo a ellas, comprobaron que, al subir una rampa de 65 grados, las palomas que aleteaban usaron apenas un 10% de la energía empleada al volar. Similar comportamiento se ha visto en perdices.
Aletear sin alzar el vuelo, sugieren lo autores, podría ser un mecanismo evolutivo, una transición que también pudo estar presente también entre los dinosaurios. Además, según los científicos, a los polluelos, cuyos músculos aún son muy débiles para volar, desplazarse de esa manera los ayuda a escapar de los depredadores.
Y además…¿Existe el pájaro correcaminos?
Volando en grupo las aves se cansan más
¿Por qué los buitres tienen el cuello desplumado?El mercurio aumenta la homosexualidad en ciertas aves
Categoria: Naturaleza
Escrito por Yolanda el Miércoles, 8 de junio del 2011 a las 23:21
Cuando las personas se sienten deprimidas y ansiosas tienden a ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Una investigación publicada en la revista Current Biology revela que las abejas también tienen un punto de vista pesimista de la realidad tras verse sometidas a una situación de estrés. “Las abejas estresadas por el ataque simulado de un depredador tienen la misma respuesta emocional que un humano deprimido, y perciben su entorno con pesimismo”, explica Geraldine Wright, de la Universidad Newcastle (Reino Unido), coautora del estudio.
Para averiguar cómo perciben las abejas el mundo que les rodea, Wright y sus colegas hicieron que los insectos juzgaran si un aroma determinado presagiaba algo bueno o malo. En primer lugar fueron entrenadas para relacionar un olor con una recompensa dulce y otro con el sabor amargo de la quinina. Una vez aprendido, las dividieron en dos grupos y sometieron a uno de ellos a estrés. Cuando volvieron a exponerse a los dos olores, así como a varias combinaciones de ambos, las abejas estresadas mostraban menos interés hacia el olor que identificaban con quinina -y lo “probaban” menos- que el resto de los insectos. Es decir, según los autores, sus expectativas hacia el desagradable sabor amargo eran mayores, lo que indica que hacían un juicio más negativo o pesimista de la situación.
Categoria: Naturaleza